Chapter 2 - Los Mensajes de una Mujer Muerta

La policía llegó antes de que Vanessa pudiera salir de la casa.
Daniel no la dejó acercarse a los niños.
No necesitó usar la fuerza.
Solo se colocó entre ella y Noah.
Vanessa entendió.
Dos agentes revisaron la sala. Otro fotografió el látigo. Una paramédica examinó el brazo de Lily mientras Daniel permanecía junto a ella.
Noah no soltó la mano de su hermana.
La detective asignada al caso se llamaba Rebecca Shaw.
Cuarenta y seis años.
Cabello negro corto.
Voz baja.
Miró el certificado durante casi un minuto.
—¿Dónde estaba?
—En mi estudio.
—¿Lo había visto antes?
—Nunca.
—¿Quién tenía acceso?
Daniel miró a Vanessa.
—Ella.
Vanessa estaba sentada al otro lado de la sala con un abogado que había llegado demasiado rápido.
Rebecca también lo notó.
—¿Y Claire Carter era su hermana?
—Sí.
—¿Cuándo la vio por última vez?
Daniel cerró los ojos.
Trece meses atrás.
Claire había ido a su oficina tarde.
Estaba alterada.
Le dijo que había encontrado algo sobre la empresa.
Daniel estaba agotado.
Discutieron.
Él le dijo que dejara de perseguir conspiraciones.
Claire respondió:
—Algún día vas a descubrir que confiar en las personas equivocadas cuesta más que perder dinero.
Al día siguiente desapareció.
Dos días después, Daniel recibió un correo desde su cuenta.
Necesito irme. No me busques.
Después vinieron mensajes esporádicos.
Uno desde Canadá.
Otro desde Londres.
Otro diciendo que estaba bien.
Daniel nunca consiguió una llamada.
Nunca una videollamada.
Pero Vanessa le decía que era normal.
“Claire está avergonzada.”
“Dale espacio.”
“Volverá cuando esté preparada.”
Rebecca pidió el teléfono de Daniel.
Los mensajes seguían allí.
La detective hizo una pregunta simple.
—¿Alguna vez comprobó las direcciones IP?
Daniel negó.
Nunca.
¿Por qué iba a hacerlo?
Era su hermana.
O eso creyó.
Esa misma noche, el equipo digital hizo una primera revisión.
Tres mensajes provenían de una VPN.
Dos desde servidores comerciales.
El último había salido desde una conexión doméstica de la misma ciudad.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Qué ciudad?
Rebecca lo miró.
—Esta.
No Londres.
No Canadá.
A menos de diez kilómetros de su casa.
Vanessa fue detenida provisionalmente por el ataque a Lily y por posible obstrucción de una investigación.
Su abogado insistió en que el incidente con el látigo había sido “disciplina que se salió de control”.
Daniel casi perdió la calma al escucharlo.
Rebecca lo detuvo con una mirada.
—No les dé nada.
Daniel respiró.
Noah permanecía en la cocina con una trabajadora social.
Después pidió hablar.
—Papá.
—Sí.
—Vanessa estaba buscando algo desde ayer.
Daniel se arrodilló.
—¿Cómo lo sabes?
—La vi entrar a tu estudio dos veces.
—¿Le preguntaste?
Noah asintió.
—Dijo que estaba buscando unos documentos del seguro.
—¿Y hoy?
El niño tragó saliva.
—Hoy encontró la carpeta negra.
—¿Viste qué hizo?
—Se puso blanca. Llamó a alguien. Luego Lily empezó a caminar hacia ella.
Lily estaba aprendiendo a dar pasos.
Curiosa.
Siempre tocaba cosas.
—¿Y después?
Noah bajó la mirada.
—Vanessa le gritó que no tocara la carpeta. Lily lloró. Luego Vanessa agarró el látigo de decoración de la pared.
Daniel sintió que le faltaba aire.
El látigo había pertenecido a su abuelo.
Nunca imaginó que alguien lo usaría.
Nunca.
Rebecca volvió con otra noticia.
El certificado tenía un número oficial.
Pero cuando consultaron el registro estatal, no existía.
Era falso.
Daniel sintió alivio durante medio segundo.
Claire podía estar viva.
Entonces Rebecca añadió:
—La firma de Marcus Hale sí parece auténtica.
Daniel miró hacia Vanessa, ahora escoltada hacia la salida.
Ella levantó los ojos.
Por primera vez, parecía más asustada por Marcus que por la policía.
Rebecca recuperó el número al que Vanessa había llamado.
Registrado a nombre de una empresa pantalla.
Pero había sido usado muchas veces para comunicarse con un segundo teléfono.
Ese segundo teléfono pertenecía a Carter Strategic Holdings.
Asignado al director ejecutivo interino.
Daniel.
Él se quedó inmóvil.
—Yo no tengo segundo teléfono.
Rebecca lo sabía.
Alguien llevaba meses usando un dispositivo registrado a nombre de Daniel.
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Y desde ese número se habían autorizado movimientos empresariales que él jamás había visto.
Si alguien podía hacerse pasar por Claire y también por Daniel, ¿cuánto de la compañía Carter había sido dirigido durante trece meses por personas que oficialmente ni siquiera existían?