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Chapter 3 - El Segundo Daniel Carter

La investigación financiera comenzó a la mañana siguiente.

Daniel no durmió.

Lily sí, por momentos, acostada junto a él mientras Noah dormía en un colchón a los pies de la cama.

Daniel no quería separarse de ninguno.

La pediatra confirmó que Lily estaba bien físicamente.

El golpe había sido limitado.

Emocionalmente era otra historia.

Noah no paraba de observar puertas.

Cada vez que sonaba el timbre, se levantaba.

Protector.

Demasiado protector para ocho años.

Daniel anotó mentalmente que aquello tendría que cambiar.

Noah era un niño.

No un guardia.

Rebecca llegó con tres carpetas.

—Tenemos un problema.

—¿Uno?

—Uno grande.

Durante el último año, Carter Strategic Holdings había aprobado nueve operaciones bajo credenciales digitales de Daniel.

Él reconoció solo seis.

Las otras tres sumaban cuarenta y dos millones de dólares.

—¿Destino?

—Empresas vinculadas a Hale Medical Ventures.

Marcus.

Daniel apretó la mandíbula.

—¿Mi firma?

—Digitalmente válida.

—No fui yo.

Rebecca asintió.

—Creemos que clonaron su certificado corporativo.

Vanessa, como esposa y ejecutiva de relaciones corporativas, tenía acceso indirecto a su ordenador personal.

Marcus tenía acceso a la infraestructura legal de la compañía.

La combinación era peligrosa.

Pero todavía faltaba Claire.

Daniel pidió revisar todo lo ocurrido durante sus últimas semanas.

Claire había sido directora de cumplimiento.

Su trabajo consistía precisamente en encontrar movimientos irregulares.

Una semana antes de desaparecer, descargó registros de Hale Medical Ventures.

Dos días antes, se reunió con Marcus.

Luego nada.

El detective financiero encontró algo.

Una cámara del estacionamiento de Saint Gabriel Private Medical Center.

Fecha: la misma noche de la desaparición.

Claire entraba caminando.

No parecía herida.

No parecía obligada.

Dos horas después, una ambulancia privada salía por la puerta trasera.

La matrícula pertenecía a una empresa vinculada a Marcus.

Daniel sintió que el corazón se hundía.

—¿Y después?

La ambulancia desaparecía de cámaras públicas cerca de una carretera privada.

Destino desconocido.

Rebecca pidió registros médicos.

Saint Gabriel negó tener a Claire como paciente.

Sin embargo, el falso certificado decía exactamente lo contrario.

¿Por qué fabricar una muerte en un hospital que oficialmente afirmaba no haberla atendido?

Vanessa fue interrogada.

Durante seis horas no habló.

Luego pidió un acuerdo limitado.

Entregaría información sobre Marcus a cambio de consideración en los cargos financieros.

Rebecca aceptó escuchar.

Vanessa confesó que sabía del certificado.

No sabía si Claire estaba realmente muerta.

—¿Cómo puedes no saber?

Daniel no estaba en la sala, pero vio la grabación.

Vanessa dijo:

—Marcus me dijo que Claire tuvo un accidente después de confrontarlo. Que entró en pánico. Que necesitábamos proteger la compañía.

—¿Y aceptaste?

—Sí.

—¿Por qué?

Vanessa respiró.

—Porque él tenía cosas sobre mí.

Rebecca no reaccionó.

—¿Qué cosas?

Vanessa había manipulado gastos corporativos.

Dinero.

Viajes.

Casi un millón.

Marcus descubrió.

En lugar de denunciarla, la reclutó.

Primero pequeñas firmas.

Luego correos.

Después acceso.

—¿Y los mensajes de Claire?

Vanessa bajó los ojos.

—Algunos los escribí yo.

Daniel tuvo que salir de la habitación donde veía la grabación.

Su estómago se revolvió.

Trece meses.

Había leído palabras de Vanessa creyendo que eran de su hermana.

“Estoy bien.”

“No me busques.”

“Necesito tiempo.”

Vanessa también admitió algo peor.

El falso segundo teléfono de Daniel estaba físicamente escondido dentro de la casa.

Daniel volvió inmediatamente con Rebecca.

Lo encontraron detrás de un panel del estudio.

Cargador.

Dispositivo.

Autenticador corporativo.

Usado hacía solo dos días.

Vanessa tenía acceso.

Pero no era la única.

Los registros mostraban conexiones remotas desde Marcus.

Daniel miró el teléfono como si fuera venenoso.

Entonces llegó una notificación.

Nuevo mensaje.

Número desconocido.

Una sola frase:

SI QUIERES SABER DÓNDE ESTÁ CLAIRE, NO CONFÍES EN VANESSA.

Rebecca rastreó.

Imposible de inmediato.

Daniel escribió:

¿QUIÉN ERES?

La respuesta llegó.

PREGÚNTALE A NOAH QUÉ VIO LA NOCHE EN QUE CLAIRE DESAPARECIÓ.

Daniel dejó de respirar.

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Noah nunca había dicho estar despierto aquella noche.

¿Qué recuerdo había guardado un niño de ocho años durante trece meses porque todos los adultos estaban demasiado ocupados creyendo las mentiras de Vanessa?

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